Funes invita intervención estadounidense en su política nacional de seguridad en asamblea de la ONU, también denuncia bloqueo contra Cuba y amenazas de senadores

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El 25 de septiembre, el presidente de El Salvador, Mauricio Funes, se dirigió a la 67o Asamblea General de las Naciones Unidas en la Ciudad de Nueva York. Su discurso se enfocó principalmente en la seguridad pública de El Salvador y fue un recordatorio del papel intervencionista del gobierno Estados Unidos en este tema.

En su tratamiento del tema de la seguridad pública, Funes subrayó la caída extrema en la tasa de homicidios que ha experimentado El Salvador durante los últimos seis meses y la atribuyó a “una política de Seguridad ciudadana que ha ido dando sus frutos” y “un pacto de no agresión entre pandillas rivales, que intermedió la Iglesia Católica, y facilitó el gobierno.” También reconoció que este tipo de violencia no puede ser eliminado sin “modificar la existencia de millones de jóvenes sin esperanza y sin oportunidades.”

De allí, Funes pasó a tratar la lucha contra el narcotráfico. Igual que en su discurso a la ONU el año pasado, el Presidente puso empeño en llamar a los EEUU, el mayor consumidor de drogas en el mundo, a asumir responsabilidad en la lucha contra el narcotráfico. “Necesitamos que nos acompañen y se sumen a esta batalla el gobierno y el pueblo de los Estados Unidos,” afirmó Funes.

Los EEUU, sin duda, tiene una larga historia de involucrarse en esta batalla en América Latina, con resultados devastadores. Con miles de millones de dólares de impuestos estadounidenses gastados en el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida para supuestamente luchar contral el narcotráfico en Colombia, México, y América Central, violencia y homicidios relacionados con el narcotráfico se han disparado mientras la producción de drogas ha aumentado y extendido a países vecinos. Según el gobierno mexicano, se han perdido más de 47,000 vidas en violencia relacionada al narcotráfico desde 2006 cuando el gobierno mexicano, bajo presión del gobierno estadounidense, sacó las Fuerzas Armadas a la calle para luchar contra los carteles. Mientras tanto, las industrias militar y de seguridad estadounidenses siguen sacando ganancias con los contratos lucrativos regalados a ellos por estos “acuerdos de cooperación.”

Funes tiene razón sobre el papel consumidor de los EEUU en el comercio ilícito de droga y en exigir que el gobierno estadounidense acompañe a América Latina en combatir la violencia generada por el narcotráfico. Reformar sus políticas anti-drogas domesticas, que han fallado completamente en reducir la demanda nacional para las drogas ilegales, podría ser una maner eficaz de lograr eso.

Pero los EEUU se niegue a incluso examinar su estrategia anti-droga; en lugar, sigue imponiendo obstinadamente las mismas estrategias falladas de militarización a pesar del clamor de muchos países latinoamericanos a considerar nuevas propuesta. Y el gobierno estadounidense sigue reciclando sus estrategias falladas mientras asume un creciente papel en la creación de la estrategia de seguridad para América Central.

En muchos aspectos, Funes hace el juego a la estrategia de seguridad centroamericana de los EEUU. Su invitación sin condiciones a que “se sumen a la batalla” sierve como justificación para expandir el papel influyente que los EEUU ya disfrute en la política de seguridad centroamericana a través de la Iniciativa Regional de Seguridad Centroamericana (CARSI), la presencia de oficinas de la Agencia Anti-Droga (DEA) y el FBI en todo el istmo, y la Academia Internacional del Cumplimiento de la Ley, administrada por los EEUU, en San Salvador. Además, a pregonar su propio plan de seguridad y la caída increíble en la tasa de homicidios en El Salvador – lograda a través de un proceso de diálogo en lugar de medidas punitivas o represivas – presta más credibilidad humanitaria a la política de seguridad regional, aun cuando la tendencia general en seguridad regional es, en realidad, una de re-militarización.

En algunos otros temas, no obstante, Funes sí desafió la intervención estadounidense en la región. Pidió un fin al bloqueo económico de los EEUU contra Cuba, comentando que solo “representa una rémora de un pasado ya superado en nuestra América.” Durante su discurso, el Presidente salvadoreño también denunció la intervención de senadores estadounidenses en un reciente conflicto político interno en El Salvador, afirmando que la resolución pacífica que fue logrado es un testimonio de la fuerza de las instituciones democráticas del país.

Los comentarios de Funes sobre Cuba y su denuncia de los senadores estadounidenses es muy lejos del apoyo incondicional de todas las políticas del gobierno estadounidense de los presidentes salvadoreños anteriores. Pero se trata de una de las principales prioridades de la política imperialista estadounidense, la seguridad en América Central, Funes elige no ir contra la corriente y es coherente con sus promesas y esfuerzos anteriores para mantener buenas relaciones con el gobierno estadounidense. Lastimosamente, la historia nos ha enseñado que la política extranjera de los EEUU rara vez tiene en mente los intereses del pueblo salvadoreño, y como nos muestran las experiencias de Colombia y México, con frecuencia es fatal cuando tiene que ver con seguridad y la Guerra contra las Drogas.

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